Los procesos de desinfección son cruciales para garantizar agua potable segura al inactivar eficazmente los microorganismos patógenos. Sin embargo, estos procesos también pueden conducir a la formación de subproductos de desinfección nocivos, como el carcinógeno N-nitrosodimetilamina. 

Para abordar este problema y desarrollar estrategias de mitigación adecuadas, los investigadores han estado explorando métodos de desinfección alternativos. Una alternativa prometedora es el uso de dióxido de cloro como desinfectante. El dióxido de cloro es un poderoso agente oxidante que se ha demostrado que elimina eficazmente una amplia gama de microorganismos, incluidas bacterias, virus y protozoos. 

Los estudios han demostrado que el dióxido de cloro es muy eficaz para reducir las bacterias coliformes cuando se utiliza en combinación con luz ultravioleta o peróxido de hidrógeno. Además, se ha descubierto que el dióxido de cloro es más eficaz en el tratamiento de aguas residuales municipales cuando se utiliza peróxido de hidrógeno residual en lugar de peróxido de hidrógeno fresco. 

Además, el dióxido de cloro ha sido estudiado por su potencial para degradar y desintoxicar pesticidas presentes en el agua y las aguas residuales. Las investigaciones han demostrado que los procesos de oxidación avanzados basados en el ozono, como el ozono/peróxido de hidrógeno y el ozono/irradiación ultravioleta, tienen un alto potencial para degradar y desintoxicar pesticidas, incluidos carbamatos, compuestos clorofenoxi, organoclorados y organofosforados.

Ventajas de dióxido de cloro 

Una de las principales ventajas del dióxido de cloro como desinfectante es su capacidad para restablecer el entorno patógeno inactivando eficazmente los microorganismos. Esto ocurre a través de las propiedades oxidantes del dióxido de cloro, que ataca y destruye componentes esenciales dentro de los microorganismos, incluidas proteínas, enzimas y membranas celulares. 

Cuando el dióxido de cloro entra en contacto con microorganismos, reacciona con las proteínas y enzimas presentes en sus membranas celulares. Esta reacción provoca la rotura de la membrana celular y la desnaturalización de las proteínas, eliminando eficazmente a los microorganismos. 

Además de su acción antimicrobiana directa, el dióxido de cloro también tiene la capacidad de descomponer y neutralizar compuestos orgánicos que pueden servir como precursores para la formación de subproductos de la desinfección. Esta propiedad hace que el dióxido de cloro sea una herramienta valiosa para abordar tanto la contaminación microbiana como la formación de subproductos dañinos durante los procesos de desinfección. 

Además, los estudios han demostrado que el dióxido de cloro puede reducir eficazmente las bacterias coliformes en el agua cuando se combina con luz ultravioleta o peróxido de hidrógeno.

clorofenoxi

Las propiedades antimicrobianas del dióxido de cloro se pueden atribuir a su fuerte capacidad oxidante. Cuando el dióxido de cloro entra en contacto con microorganismos, reacciona con sus proteínas y enzimas, provocando la destrucción de las membranas celulares y la desnaturalización de las proteínas. 

Esta acción oxidativa altera las funciones celulares esenciales, lo que en última instancia resulta en la inactivación o muerte de los microorganismos. Adicionalmente el dióxido de cloro es capaz de penetrar las capas externas de las biopelículas, destruyendo las estructuras proteicas que sirven de guarida y medio de reproducción de patógenos tales como la listeria. 

La capacidad del dióxido de cloro para degradar y desintoxicar pesticidas, incluidos carbamatos, compuestos clorofenoxi, organoclorados y organofosforados, resalta aún más su eficacia como agente de restablecimiento de patógenos.

Conclusión 

Aunque el dióxido de cloro es un potente agente antimicrobiano, es importante manipularlo y utilizarlo con precaución. Es un oxidante fuerte y puede ser peligroso si no se maneja adecuadamente. Por lo tanto, es fundamental seguir las pautas y normas de seguridad. También es importante señalar que el uso de dióxido de cloro debe controlarse y regularse cuidadosamente, ya que un uso excesivo o inadecuado puede provocar la formación de subproductos de desinfección nocivos. Además, es fundamental considerar los efectos potenciales del dióxido de cloro en el medio ambiente. El dióxido de cloro debe utilizarse de manera responsable y consciente del medio ambiente, teniendo en cuenta sus posibles impactos en los ecosistemas acuáticos.